NI CONTIGO NI SIN TI

“..ni contigo ni sin ti, tienen mis penas remedio, contigo porque me matas, y sin ti porque yo me muero..”

Y es que con la comida, no veas si tenemos muchas veces una relación de amor odio rara.

Cada nueva temporada arranca con el deseo de comer mejor, y desarrollar nuevos hábitos. Pero después de tanta monotonía con la misma pareja y tantos escarceos con las dietas, vamos a profundizar un poco más.

¿ Cómo te comportas tú con la comida? ¿Qué tipo de relación mantienes con ella? Sientes ese amor odio del que hablamos, se basa más en una relación controladora, compulsiva, alocada, tóxica, ¿amas al chocolate y el chocolate te ama a ti?

¡Descubramos que tipo de pareja eres cuando te sientas a comer!

De los pacientes que inician una dieta, relativamente pronto comienzan a comer más frutas y verduras, a cocinar más, a quitarse bollería y extras. Existe una base de conocimiento suficiente para empezar a comer mejor. Menos cosas procesadas y más variedad de alimentos.  Ya esto es un paso importantísimo.

Y en cambio, cuando llegamos a casa, y como canta Sabina  “Y sin embargo un rato cada dí­a, ya ves, te engañarí­a con cualquiera, te cambiarí­a por cualquiera”

… Llevo una semana muy mala, y me da por atiborrarme.

…tendría que organizarme mejor pero no tengo tiempo.

… Llega el fin de semana y lo echo todo por la borda. 

¿He intentado mil dietas? ¿Mi plan se desbarajusta por las mismas causas? ¿ Se qué tengo que hacer y no lo hago? ¿ Hago dietas muy extremas y se me va todo al garete ante el primer fallo? ¿ No consigo organizarme? ¿ Sucumbo ante las patatas fritas de cualquier menú?

Querido brécol… te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera.

Pasa el tiempo, empezamos a encontrar que la ropa nos aprieta, o que nos sentimos algo incómodos… y entonces, cogemos carrerilla para un nuevo salto, incomprensiblemente poniéndonos el palito un poco más alto cuanto más fallo.  Nada, que nos gusta complicarnos la vida.

¡Esta vez si!. Ahora con una dieta mejor elegida, tendremos más éxito en nuestros próximos intentos.

El acto de alimentarnos bien es algo complejo. Ese esfuerzo va a necesitar poner de nuestra parte muchas veces más recursos que tener en la nevera una hoja de papel diciéndonos que hoy nos toca tortilla francesa y medio tomate para cenar. Es un aprendizaje y  una relación, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza… hasta que la muerte nos separe, o comamos lo que nos den en el asilo. Así que mientras podamos, disfrutemos de esta libertad que es cuidarnos como nosotros queremos.

LAS LOCAS RELACIONES CON LA COMIDA.

 

 

Vamos a poner en historias algunas de las fórmulas de cómo nos comportamos con nuestra alimentación. Cómo dice Tolstoi en Ana Karenina «Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera»

 

 

Esto sólo son algunos ejemplos, pues cada uno somos capaces de crear un tipo de relación peculiar con nuestros hábitos.

1.

– ” Me apetece conocer a alguien, divertido, amable, con quien poder hablar”

– “Mira, ese mismo señor que acabas de cruzarte” A por él. No será el hombre perfecto pero este está ahí mismo, sin esperar.

2.

– “Fermina no sé que hacer, mañana tengo una entrevista de trabajo muy importante”.

-“Pues nada Mariano, ese mismo chándal que tienes puesto para arreglar la moto bien te vale. Total. Qué más te da una cosa que otra”.

3.

-¿Y tú compras siempre ahí?

-¡Uy si!, la verdad es que las cosas no son buenas, la tía  lleva las uñas sucias y es una maleducada de mucho ole. Pero son 6 euros el menú, y por no cambiar..

4.

Si hace falta repasar 30 veces el mismo email lo hago porque es importante que todo salga perfecto. Soy capaz de no dormir si he cometido un error. Al día siguiente hago 2 o 3 horas extras por mis fallos. Creo que si uno hace bien su trabajo el resto de cosas de la vida funcionarán bien.

5.

Tarda en responderme. Y el otro día Gervasia llego tarde a posta, para que note lo sola que estoy.¿Porque toda la gente que conozco tiene que hacerme daño? Vaya a dónde vaya sólo encuentro gente que me trata mal.

6

Necesito pagar las facturas este mes, lo sé, pero es que Instagram y Amazon están conchabados para que gaste, y esto de pagar con tarjeta… ni me doy cuenta. Pero bueno, la vida es para vivirla. Para qué quiero el dinero si no es para gastarlo. Tampoco voy a estar agobiándome todos los meses. El próximo mes le pago todo junto y arreglo.

A CADA HISTORIEJA SU MORALEJA.

1.

Debemos entender la diferencia entre comer lo primero que pillamos y aportarnos los nutrientes necesarios. La comida rápida, aquello que elijo solamente por disponibilidad puede ser una solución puntual pero no la manera de elegir lo que queremos tener a diario.

Esperar por la comida, verla, olerla todo eso forma parte del proceso digestivo y es importante para que nos de la orden de saciarnos y ajustar las cantidades que comemos. Lo mismo que nos lleva un tiempo llegar a apreciar a alguien, coger confianza o enamorarnos.

2.

Elegir la comida adecuada al momento en el que estamos: un acto social requerirá cierta flexibilidad y probar cosas diferentes, un día de malestar algo suave, y un día de ejercicio algo más energético.

A veces dedicamos más tiempo a elegir qué ropa vamos a ponernos para una boda, que la comida de todo un mes. Dedicar un tiempo a aquello que creemos importante nos hará que nos sintamos más a gusto día a día. De la misma forma que nos gustará tener unas buenas zapatillas para correr, o ir bien vestidos a una entrevista.

3.

No iríamos a diario a un sitio dónde nos tratan mal. Y sin embargo a veces, nosotros mismos como dependientes, cocineros, hosteleros en nuestras propias casas nos damos una mala atención y un mal menú.

Todos nos hemos pillado comiendo a traición de pie en la cocina alguna cosa, en lugar de esperar 15 minutos a prepararnos el plato y sentarnos.

4.

Mucha gente está muy bien informada sobre qué, cuánto y cómo comer. Sin embargo pese a comer de manera sana, la relación con la comida puede seguir siendo demasiado cuadriculada. Las restricciones constantes, el exceso de pensamiento dedicado a la salud gastrointestinal y hablar continuamente sobre un tema nos hace la vida menos rica, por muy poblado que tengamos nuestro intestino. Necesitamos ocuparnos de comer bien, para hacer sostenible el resto de áreas de mi vida. La comida tampoco va a ser el milagro que nos haga guapos y felices.

5.

También hay aquellos que están asustados por los fertilizantes, por los aditivos, por el primer biberón  con lactosa que tomó. Que pese a sus intentos de control todo les sienta mal y acaban siendo unos expertos en malestar digestivo. Como el chiste -” cuando me toco aquí me duele, cuando me toco allá me duele… “Pues señor tiene usted el dedo roto”  .

Tal vez si todo lo que toco me hace daño tendré que hablar con otros profesionales: nutricionistas, endocrinos, pero tal vez un psicólogo o un psiquiatra también por si puede venir asociado a algún cuadro de estrés o ansiedad.

6.

En esta variante pueden existir los realmente despreocupados, que ni se fijan, ni les importa. Que dentro de los casos que conozco al menos no sufren ni se torturan demasiado.

En otras ocasiones, este tipo de actuación se junta con alguien impulsivo que luego sufre la culpa. O con alguien que no tiene crédito en esa tarjeta.

Una persona caprichosa no es libre, pues sus elecciones no están hechas en base a lo que realmente querría, sino a su impulsos.

Los caprichos alimentarios frecuentes, nos pueden alejar de propósitos más importantes y valiosos.  Mejorar mi forma física para correr mejor un maratón, perder los kilos que me dijo el médico que le vendría bien para recuperar mi rodilla, volver a sentirme más atractivo.

ALIMENTARME BIEN ES SÍNTOMA DE AMOR PROPIO.

Si quieres algo mejor. Búscalo, prioriza, esfuérzate.

Si algo es importante. Prepárate, planifica, elige.

Si algo te hace daño. Aléjate, busca soluciones o lucha.

Si te consume todo tu tiempo. Afloja, delega, pide ayuda.

 

Entonces, si las familias felices se parecen. ¿Qué cualidades tendría una relación sana con la comida?

Cuidar de ella. Ocuparse de lo que está en tu mano hacer.

Puedes hablar con un nutricionista para que te guíe.

Puedes organizar la compra y menú semanal.

Puedes mejorar la presentación de tus platos.

Tener paciencia cuando algo no sale bien. Intentar nuevas soluciones ante un problema.

Si surgen momentos de ansiedad o de impulsividad buscar otras tareas que te distraigan.

Evitar tener en casa tentaciones innecesarias

Organizar el congelador para tener algo preparado para imprevistos

Localizar algún restaurante que ofrezca un menú con comida casera.

Disfrutar del tiempo que le dedicas sin poner todas tus expectativas en ello.

Leer no solamente sobre nutrientes, sino sobre preparación de platos.

Preguntar en la pescadería o carnicería para que te recomienden y buscar nuevos sabores.

Intentar cocinar para los demás.

Usar la vajilla buena más a menudo.

Ser tolerante con lo que no te gusta, probar cosas nuevas.

Lo mismo que a los niños les animamos a probar cosas antes de decidir, nosotros podemos darle segundas oportunidades a alguna clase de comidas.

Mezclar las verduras en guisos, en carne rellena.

Ponerle algún trozo de fruta a la ensalada.

Hacer un batido con verdura y fruta.

No tirar a la basura lo ganado por un mal día o una mala racha

La relación si va mal.. te perjudica a ti, que las empresas siguen adelante. Merece la pena volver a intentarlo porque siempre saldrás beneficiado.

Pide ayuda si no te ves con recursos o fuerzas.

Como con alguien importante cuando tienes una decepción. Perdona, olvida y vuelve a construir esa relación sin reproches.

Planifica el tiempo a compartir, organiza actividades agradables. 

Lo mismo que con tus amigos o pareja organizas diferentes tipos de planes puedes tener diferentes “citas”: probar comida tailandesa, intentar hacer una pizza vegetal, pedir una receta de un guiso para un día de invierno… y si puedes compartir esos momentos genial.

Aunque tener esas citas a solas y ponerte una mesa con velita y música suave para uno también es un placer.

No obsesionarse y querer controlarlo todo.

Si le dedicas demasiado tiempo o pensamiento a la alimentación deja de cumplir su función. El propósito es darte energía para vivir.

Repasa si hay otras áreas en las que podrías invertir algo más de ese tiempo y cuidado.

Podía sustituir esas miles de infusiones por un paseo o hacer meditación.

Podría leer algo más sobre historia del arte, o recuperar alguna actividad en lugar de seguir leyendo sobre salud intestinal.

Te hace sentir bien, te hace la vida más agradable. Te aporta. 

No es sostenible algo a fuerza de sacrificio constante. Incluso si no te gusta tu trabajo, finalmente tienes la recompensa del sueldo.

La alimentación tiene que responder a varias áreas. Darte los nutrientes imprescindibles para estar bien, alimentar tus sentidos, y responder al acto social de compartir.

Está claro que si a nuestro alrededor conservamos  a gente que queremos y nos quiere es que sabemos cuidar. Vamos a intentar ser mejores amigos propios y ofrecernos el mismo respeto, paciencia y mimo.

 

 

“El placer de los banquetes debe medirse no por la abundancia de los manjares, sino por la reunión de los amigos y por su conversación.”
Cicerón

Marta Carneiro Pazo

Psicóloga, fisioterapeuta

Camarera de noche, escritora de día..